Filipinas y China elevaron este martes 21 de julio de 2026 su confrontación diplomática después de convocar a los embajadores de la contraparte por un incidente ocurrido el día anterior en el banco de arena Second Thomas, conocido en Filipinas como Ayungin. Manila denunció que un marinero filipino fue herido durante la intervención de miembros de la Guardia Costera china, mientras Pekín responsabilizó a las embarcaciones filipinas de iniciar el enfrentamiento.
La crisis coincide con la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, ASEAN, celebrada en Manila. El encuentro tiene entre sus asuntos centrales las disputas en el mar de China Meridional y la negociación de un código de conducta destinado a impedir que estos incidentes deriven en una confrontación militar más amplia.
Un incidente marítimo que pasó al terreno diplomático
Según las Fuerzas Armadas filipinas, personal de la Guardia Costera china se aproximó el 20 de julio a embarcaciones de la Marina filipina cerca del BRP Sierra Madre. Manila afirmó que uno de sus efectivos recibió golpes en la cabeza con un bastón de madera y que una de sus embarcaciones menores resultó dañada. Las autoridades filipinas sostuvieron que sus marineros pidieron a los agentes chinos que se retiraran y que evitaron responder de una manera que agravara el enfrentamiento.
La controversia se trasladó rápidamente al plano diplomático. China convocó al embajador filipino en Pekín y acusó a Manila de provocar el incidente, distorsionar los hechos y utilizarlo con fines políticos. Horas después, el presidente Ferdinand Marcos Jr. convocó al embajador chino Jing Quan en Manila. Reuters señaló que este tipo de citaciones formales continúa siendo relativamente infrecuente, pese a los constantes roces marítimos entre ambos países.
Ayungin concentra una disputa de alto valor estratégico
Filipinas mantiene desde 1999 una posición militar en Ayungin mediante el BRP Sierra Madre, un antiguo buque de guerra que fue encallado deliberadamente y que permanece ocupado por personal filipino. China también reclama el banco de arena y exige la retirada de la embarcación, alrededor de la cual ha desplegado barcos de su Guardia Costera para vigilar e interceptar las operaciones de abastecimiento de Manila.
El valor estratégico del lugar supera sus dimensiones territoriales. Ayungin permite a Filipinas mantener una presencia permanente en una zona marítima disputada, mientras China intenta limitar esa presencia sin recurrir directamente a una operación militar convencional. El empleo de guardacostas, embarcaciones menores, bloqueos y maniobras de aproximación permite ejercer presión de forma continua, aunque manteniendo el enfrentamiento por debajo del nivel de una guerra abierta.
Las versiones enfrentadas también disputan la legitimidad
La versión filipina sostiene que los agentes chinos golpearon a uno de sus marineros y dañaron su bote durante una aproximación agresiva. Fotografías y videos difundidos por las Fuerzas Armadas de Filipinas muestran embarcaciones de ambos países operando a corta distancia y a personal chino utilizando objetos de madera, aunque el material publicado no permite reconstruir por sí solo toda la secuencia previa al enfrentamiento.
La Guardia Costera china presentó una interpretación diferente. Afirmó que dos botes vinculados con el BRP Sierra Madre chocaron deliberadamente contra una patrullera china y que los efectivos filipinos utilizaron remos y palos contra sus agentes. Las Fuerzas Armadas filipinas rechazaron esa versión y la calificaron como falsa y engañosa, por lo que las circunstancias completas del incidente continúan siendo objeto de acusaciones contradictorias.

La zona gris reduce los costos de la presión
China desarrolla buena parte de sus acciones en el mar de China Meridional mediante organismos civiles o de aplicación de la ley marítima, especialmente su Guardia Costera. Esta modalidad permite reforzar sus reclamaciones territoriales, dificultar las operaciones filipinas y evitar que cada incidente sea interpretado automáticamente como una agresión militar ejecutada por sus Fuerzas Armadas.
Filipinas responde mediante presencia naval, difusión de imágenes, protestas diplomáticas y cooperación internacional. La competencia se libra simultáneamente en el mar y en el terreno informativo: ambos gobiernos buscan demostrar que el adversario inició la confrontación, mientras presentan sus propias acciones como medidas defensivas destinadas a proteger derechos marítimos o ejercer funciones de vigilancia.
Estados Unidos vuelve a entrar en la ecuación
El Departamento de Estado estadounidense condenó las acciones chinas denunciadas por Filipinas y reiteró su respaldo a Manila. Estados Unidos ha sostenido que su Tratado de Defensa Mutua con Filipinas se extiende a ataques armados contra las Fuerzas Armadas, aeronaves y embarcaciones públicas filipinas, incluidas las de su Guardia Costera, cuando estos ocurren en el mar de China Meridional.
La existencia del tratado pretende disuadir una agresión de mayor escala, pero también introduce incertidumbre. Las acciones coercitivas limitadas, los choques entre embarcaciones y las agresiones protagonizadas por guardacostas se sitúan en un espacio ambiguo, donde Manila debe defender su posición sin provocar una respuesta que pueda ampliar el conflicto e involucrar directamente a Washington.
ASEAN enfrenta otra prueba de credibilidad
El incidente ocurrió cuando los ministros de Relaciones Exteriores de ASEAN comenzaban tres días de reuniones en Manila. Los representantes regionales tienen previsto abordar con el canciller chino Wang Yi el estado de las negociaciones para establecer un código de conducta en el mar de China Meridional, cuya finalidad sería evitar que las disputas territoriales deriven en enfrentamientos mayores.
ASEAN y China llevan cerca de dos décadas negociando este instrumento, pero persisten diferencias sobre su alcance, aplicación y carácter vinculante. El plan de acción ASEAN-China para 2026-2030 plantea avanzar hacia un código efectivo y sustantivo, compatible con el derecho internacional y la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, además de promover mecanismos destinados a prevenir incidentes marítimos.
El arbitraje de 2016 continúa dividiendo a las partes
El marco jurídico de la disputa sigue condicionado por el laudo arbitral emitido en 2016 a partir de una demanda presentada por Filipinas. El tribunal concluyó que las reclamaciones chinas de derechos históricos dentro de la denominada línea de nueve trazos carecían de efectos jurídicos cuando superaban los derechos marítimos reconocidos por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. El fallo no resolvió la soberanía sobre las islas ni delimitó una frontera marítima entre ambos países.
Filipinas considera el laudo una base jurídica para defender sus derechos marítimos, mientras China rechaza la decisión, cuestiona la competencia del tribunal y sostiene que las controversias deben solucionarse mediante negociaciones directas. Esta diferencia impide que el derecho internacional funcione como una referencia aceptada por ambas partes y mantiene abierta la competencia sobre la interpretación de las reglas aplicables.
Filipinas refuerza su orientación hacia la defensa marítima
La crisis también coincide con la designación de Antonio Nafarrete como nuevo jefe de las Fuerzas Armadas filipinas. Nafarrete asumirá el mando de una institución de aproximadamente 160.000 integrantes que atraviesa un programa de modernización destinado a reemplazar equipos antiguos y fortalecer sus capacidades de defensa exterior y seguridad marítima.
El cambio refleja la evolución de las prioridades estratégicas de Manila. Durante décadas, las Fuerzas Armadas filipinas concentraron buena parte de sus recursos en enfrentar insurgencias y amenazas internas. El aumento de los incidentes con China ha impulsado una mayor atención sobre vigilancia marítima, defensa territorial y cooperación con Estados Unidos, Japón, Australia, Canadá y países europeos.
Una escalada todavía contenida
La convocatoria de los embajadores muestra que ambos gobiernos buscan elevar la protesta sin cerrar los canales diplomáticos. Las reuniones de ASEAN ofrecen una oportunidad para discutir mecanismos de prevención, protocolos de comunicación y reglas operativas que reduzcan el riesgo de que futuros encuentros entre guardacostas y fuerzas navales terminen con heridos o daños mayores.
El desafío consiste en controlar una confrontación construida mediante acciones pequeñas, frecuentes y acumulativas. Mientras China y Filipinas consideren que reducir su presencia equivale a ceder derechos territoriales, Ayungin continuará siendo un escenario de presión estratégica donde un incidente limitado puede adquirir rápidamente consecuencias regionales.