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Guerra híbrida: migración y presión sobre Europa

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Guerra híbrida es un concepto cada vez más necesario para comprender lo que ocurre en la frontera oriental de Europa. Un reportaje publicado por The New York Times el 2 de octubre volvió a poner el foco sobre una acusación que Letonia mantiene desde hace meses: servicios y estructuras vinculadas a Rusia y Bielorrusia estarían facilitando el traslado de migrantes procedentes de Oriente Medio y África hacia las fronteras de la Unión Europea con el objetivo de generar presión política, social y de seguridad. Funcionarios letones sostienen que algunas personas llegan primero a Rusia o Bielorrusia mediante vuelos comerciales y posteriormente son trasladadas hacia zonas fronterizas.

El asunto adquiere una dimensión estratégica porque el movimiento de personas sería apenas una parte de una campaña más amplia. El Consejo de la Unión Europea reconoce oficialmente la instrumentalización de migrantes por parte de Bielorrusia como una modalidad de amenaza híbrida y señala que Minsk comenzó en 2021 a organizar vuelos y transportes internos para facilitar el tránsito hacia Lituania, Letonia y Polonia. El objetivo de este tipo de operación no consiste necesariamente en conquistar territorio, sino en obligar al adversario a gastar recursos, generar tensión interna y dificultar la identificación de una respuesta proporcional.

La frontera como espacio de coerción

Las fronteras orientales de la Unión Europea se han convertido en un escenario donde seguridad, política migratoria e inteligencia convergen. Letonia comparte frontera con Rusia y Bielorrusia y, al mismo tiempo, forma parte de la OTAN y de la Unión Europea. Esto convierte a su territorio en un punto especialmente sensible: cualquier presión fronteriza afecta simultáneamente a Riga, Bruselas y a la arquitectura defensiva de la Alianza Atlántica.

La escala permite observar esa presión. La Guardia Fronteriza letona informó este 7 de octubre que durante 2026 ya había impedido 11.946 intentos de cruce irregular desde Bielorrusia. Solo el 6 de octubre fueron interceptadas 21 personas y el día anterior otras 59. Frente a esta situación, el Gobierno decidió extender hasta el 31 de diciembre la operación de seguridad VILKATIS, que combina guardias fronterizos, policía, Fuerzas Armadas, vigilancia tecnológica y drones.

Cuando una crisis migratoria adquiere valor estratégico

La lógica de estas operaciones reside precisamente en utilizar un fenómeno civil para producir efectos propios de una confrontación estratégica. Una concentración sostenida de personas en una frontera obliga al Estado receptor a movilizar agentes, soldados, sistemas de vigilancia, infraestructura, transporte y recursos políticos. La presión aumenta todavía más cuando existen intentos coordinados de superar barreras o cuando las rutas cambian rápidamente para encontrar puntos vulnerables.

Esto genera una ventaja para quien impulsa la operación: los costos son relativamente bajos en comparación con los recursos que el adversario necesita para contenerla. Al mismo tiempo, la naturaleza del fenómeno dificulta responder mediante instrumentos militares tradicionales. Una política migratoria agresivamente instrumentalizada puede generar efectos sobre seguridad nacional sin constituir por sí misma una invasión armada, explotando precisamente la zona gris situada entre competencia política, coerción y conflicto abierto.

La inteligencia permite observar lo que ocurre detrás

La dimensión más relevante aparece al analizar quién organiza el movimiento y qué información queda detrás de cada incidente. Las Fuerzas Armadas de Letonia afirmaron en enero haber encontrado documentación y equipos de comunicación pertenecientes a un militar del batallón de reconocimiento de la 19.ª Brigada Mecanizada de Bielorrusia en poder de una persona detenida tras intentar cruzar la frontera. También reportaron imágenes en teléfonos móviles donde aparecían funcionarios fronterizos bielorrusos junto a migrantes dentro de vehículos de tipo militar.

Las autoridades letonas sostienen además que han identificado casos en los que migrantes fueron utilizados para obtener información y que paralelamente registran interferencias de guerra electrónica procedentes del territorio bielorruso que afectan sistemas de comunicación y navegación en la zona fronteriza. Estos elementos permiten comprender por qué Riga analiza la migración junto con espionaje, reconocimiento, interferencia electrónica y otras actividades híbridas, en lugar de considerarla únicamente como un asunto de control fronterizo.

El objetivo puede ser medir la respuesta del adversario

Desde una perspectiva de inteligencia, cada intento fronterizo también puede producir información. Observar cuánto demora una patrulla en llegar, dónde están instaladas las cámaras, qué caminos utilizan las fuerzas de seguridad, cuáles son los puntos menos protegidos o cómo se coordinan diferentes organismos permite construir progresivamente una imagen de las capacidades defensivas del adversario.

Esto ayuda a explicar por qué las amenazas híbridas no deben evaluarse exclusivamente por el daño inmediato que producen. Una operación aparentemente limitada puede servir para probar tiempos de reacción, recopilar información, identificar vulnerabilidades institucionales o estudiar los umbrales a partir de los cuales un Estado modifica su respuesta. El Parlamento Europeo ha advertido que las acciones híbridas procedentes de Bielorrusia deben observarse junto con incursiones aéreas, campañas de desinformación y otras actividades dirigidas a probar y desgastar las capacidades de los Estados fronterizos.

Presionar sin provocar una guerra convencional

La ambigüedad es una de las principales ventajas de la guerra híbrida. Un ataque militar convencional permite identificar con relativa claridad al agresor, el territorio afectado y las herramientas utilizadas. Las operaciones híbridas fragmentan esa certeza: pueden intervenir autoridades estatales, servicios de inteligencia, redes criminales, traficantes, intermediarios y actores civiles en diferentes momentos de la misma operación.

Esa estructura dificulta la atribución política. Rusia y Bielorrusia pueden rechazar las acusaciones mientras los países afectados deben determinar qué actividades responden a decisiones estatales y cuáles proceden de organizaciones criminales independientes. Para la inteligencia occidental, el problema consiste en reconstruir vínculos, patrones y cadenas de coordinación con suficiente precisión para distinguir una presión espontánea de una operación deliberadamente diseñada.

El verdadero objetivo está dentro del país atacado

La utilidad estratégica de instrumentalizar la migración tampoco termina en la frontera. La llegada de miles de personas puede aumentar la polarización política, alimentar discursos radicales, generar conflictos entre gobiernos y oposiciones y colocar bajo presión las políticas nacionales de asilo. El efecto buscado puede ser mayor dentro de la sociedad objetivo que sobre la propia línea fronteriza.

El contexto letón resulta especialmente sensible porque el aumento de la presión migratoria coincidió con las elecciones parlamentarias celebradas el 3 de octubre. Según funcionarios letones citados en la investigación publicada por The New York Times, una de las hipótesis es que Moscú buscaba incrementar las tensiones alrededor de la migración antes de la votación y favorecer un escenario político más fragmentado. Esa atribución debe entenderse como la evaluación de las autoridades letonas y no como un hecho independientemente probado.

La respuesta ya combina tecnología e inteligencia

Letonia ha comenzado a responder bajo la misma lógica multidimensional. VILKATIS involucra a la Guardia Fronteriza, Policía, Fuerzas Armadas y otras instituciones, mientras se incrementa el uso de drones y sistemas de vigilancia. En septiembre, las autoridades incluso utilizaron radares de penetración terrestre para detectar modificaciones del subsuelo después de descubrir túneles utilizados para atravesar la frontera.

La cooperación tampoco se limita al nivel nacional. Letonia, Lituania y Polonia acordaron este año reforzar el intercambio de información y la coordinación frente a migración instrumentalizada, tráfico de personas y otras amenazas híbridas sobre la frontera exterior europea. Para los tres países, anticipar movimientos resulta tan importante como reaccionar físicamente cuando una persona alcanza la frontera.

Una amenaza diseñada para explotar dilemas democráticos

Existe además un dilema que las democracias europeas deben gestionar cuidadosamente. Que un Estado instrumentalice flujos migratorios no convierte automáticamente a las personas migrantes en agentes hostiles. Muchas pueden encontrarse en situaciones de vulnerabilidad, haber sido engañadas por redes de tráfico o haber pagado por rutas que desconocían que formaban parte de una estrategia política más amplia.

Precisamente esa condición aumenta la complejidad de la operación. El Estado atacado debe proteger su frontera y detectar posibles actividades de inteligencia sin abandonar sus obligaciones legales y humanitarias. Una respuesta indiscriminada puede incluso favorecer la estrategia del adversario si genera polarización interna, erosiona la legitimidad institucional o provoca divisiones entre socios europeos.

Guerra híbrida y el nuevo significado de la seguridad

La guerra híbrida obliga a ampliar la idea tradicional de defensa. La seguridad de una frontera ya no depende únicamente de soldados y barreras físicas, sino también de inteligencia, análisis de patrones, contrainteligencia, vigilancia tecnológica, cooperación policial y capacidad para detectar campañas diseñadas para manipular tensiones políticas internas.

El caso de Letonia muestra una característica fundamental de las amenazas contemporáneas: el instrumento utilizado puede parecer civil, pero el efecto perseguido puede ser estratégico. Para Rusia y Bielorrusia, según la evaluación de Riga y de instituciones europeas, la migración ofrece una herramienta capaz de ejercer presión sin cruzar claramente el umbral de una confrontación militar. Para Europa, el desafío consiste en reconocer esa lógica sin reducir un fenómeno humano complejo a una cuestión exclusivamente securitaria. La ventaja estratégica dependerá, en buena medida, de quién sea capaz de interpretar primero lo que ocurre detrás de la frontera.

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