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Elecciones en Israel: Trump entra en campaña por Netanyahu

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Elecciones en Israel entraron esta semana en una fase decisiva. A solo ocho días de la votación del 27 de octubre, Donald Trump hizo lo que Benjamin Netanyahu llevaba semanas esperando: respaldó públicamente su reelección y presentó al primer ministro israelí como el dirigente que Washington necesita para enfrentar a Irán y mantener la alianza entre ambos países. El apoyo llega en una campaña extremadamente ajustada, donde Netanyahu continúa competitivo, pero ya no domina el escenario como en elecciones anteriores.

El momento no podría ser más sensible. Este lunes, Benny Gantz, antiguo jefe del Estado Mayor y durante años uno de los principales rivales de Netanyahu, anunció que su partido Azul y Blanco se retira de la contienda tras permanecer persistentemente por debajo del umbral electoral. Su salida puede redistribuir votos entre otras fuerzas opositoras y añade una nueva variable a una elección en la que ninguno de los grandes bloques tiene todavía asegurados los 61 escaños necesarios para gobernar.

Trump ofrece a Netanyahu el respaldo que buscaba

Trump publicó el domingo su apoyo abierto a Netanyahu y lo describió como un “gran guerrero” y un socio fundamental para enfrentar a Irán. El presidente estadounidense incluso vinculó el futuro de la confrontación regional con el resultado electoral israelí al sugerir que Washington podría verse obligado a actuar de manera diferente si Netanyahu pierde.

Netanyahu aprovechó inmediatamente el mensaje. Este lunes difundió una conversación telefónica con Trump en la que ambos intercambiaron elogios y reforzaron públicamente la imagen de una relación privilegiada. Esa narrativa forma parte de una estrategia conocida del primer ministro israelí: presentar sus vínculos personales con líderes estadounidenses como una ventaja concreta para la seguridad y la influencia internacional de Israel.

El problema es que el respaldo llega tarde

Durante buena parte de la campaña, Trump evitó confirmar si apoyaría a Netanyahu. Apenas a comienzos de octubre había respondido evasivamente cuando se le preguntó si quería verlo reelegido. Esa distancia generó un problema para el Likud porque Netanyahu había construido buena parte de su argumento electoral sobre su capacidad para mantener una relación especial con Washington.

El respaldo finalmente llegó, pero las encuestas sugieren que su capacidad para cambiar votos puede ser limitada. Según un sondeo citado este lunes por El País, el 84 % de los israelíes asegura que no modificaría su decisión salvo que ocurra un acontecimiento extraordinario. El gesto de Trump puede consolidar votantes ya cercanos a Netanyahu, pero no existe todavía evidencia de que esté produciendo un movimiento amplio hacia el Likud.

Netanyahu sigue competitivo, pero no controla la elección

Una de las particularidades de estos comicios es que el partido más votado no necesariamente determinará quién gobierna. Israel utiliza un sistema parlamentario altamente proporcional, por lo que la verdadera batalla se libra alrededor de la capacidad de construir una coalición con al menos 61 de los 120 escaños de la Knesset.

Un sondeo de Kan difundido este fin de semana situaba al bloque de Netanyahu en alrededor de 51 escaños y al bloque opositor en 52, dejando nuevamente a varias fuerzas pequeñas y partidos árabes en posición potencialmente decisiva. La distancia es suficientemente reducida como para que pequeñas variaciones en participación o partidos que queden fuera del Parlamento alteren completamente el resultado final.

La salida de Benny Gantz modifica el tablero

La retirada de Gantz este 19 de octubre agrega una nueva capa de incertidumbre. Su partido llevaba meses registrando alrededor del 2 %, claramente por debajo del umbral electoral del 3,25 %, lo que significaba que cientos de miles de votos podían terminar sin representación parlamentaria. El propio Gantz había prometido anteriormente abandonar la carrera si seguía sin posibilidades reales de entrar en la Knesset.

Su salida beneficia potencialmente al bloque opositor porque permite que votantes centristas migren hacia opciones con mayores probabilidades de obtener representación. Gadi Eisenkot, antiguo aliado de Gantz y ahora principal dirigente opositor con su partido Yashar, calificó la decisión como responsable y busca consolidarse como la alternativa central a Netanyahu.

Eisenkot intenta convertir la elección en un referéndum sobre Netanyahu

La campaña gira cada vez menos alrededor de partidos individuales y más alrededor de una pregunta: ¿debe Netanyahu continuar gobernando después de los acontecimientos que transformaron Israel desde octubre de 2023?

Eisenkot, también exjefe del Estado Mayor, intenta capitalizar el desgaste producido por años de guerra, crisis institucionales y polarización interna. Su partido Yashar aparece actualmente como una de las principales fuerzas del país y busca reunir sectores del centro, derecha moderada y votantes que consideran que Netanyahu agotó su ciclo político.

Netanyahu responde convirtiendo seguridad en campaña

Netanyahu, en cambio, intenta mantener la elección dentro del terreno donde históricamente ha sido más competitivo: la seguridad nacional. Su mensaje presenta su permanencia como necesaria para enfrentar simultáneamente a Irán, Hezbollah, Hamas y otras amenazas regionales.

El apoyo de Trump fortalece precisamente esa narrativa. La campaña puede utilizarlo para argumentar que sustituir al primer ministro implicaría perder una relación privilegiada con Washington en un momento de alta tensión regional. Sin embargo, esa misma estrategia también permite a la oposición acusar a Netanyahu de depender de la intervención de un mandatario extranjero para sostener su candidatura.

Irán vuelve a entrar en la campaña

Trump no limitó su respaldo a una declaración electoral. También vinculó el futuro de las operaciones contra Irán con Netanyahu y volvió a advertir que Washington podría “terminar el trabajo” si Teherán no cambia su comportamiento. La dimensión militar convierte el apoyo electoral en algo más complejo que un simple gesto político.

Para Netanyahu, Irán continúa siendo uno de los temas centrales de su liderazgo. Durante años ha construido su imagen como el dirigente israelí más dispuesto a confrontar el programa nuclear y la influencia regional iraní. La posibilidad de nuevas tensiones en las próximas semanas puede, por tanto, modificar el entorno electoral incluso antes de que los israelíes lleguen a las urnas.

Los partidos pequeños pueden decidir quién gobierna

La fragmentación convierte a fuerzas relativamente pequeñas en actores estratégicos. Partidos ultraortodoxos, formaciones de derecha nacionalista, nuevos movimientos encabezados por antiguos militares y los partidos árabes pueden terminar determinando si alguno de los bloques consigue formar gobierno.

La salida de Gantz demuestra por qué el umbral electoral es tan importante. Un partido que recibe miles de votos pero queda por debajo del 3,25 % no obtiene representación, y esos sufragios desaparecen del reparto parlamentario. Por eso, durante la última semana de campaña aumentará la presión para que otras agrupaciones pequeñas abandonen la carrera o concentren sus votos en listas con mayores probabilidades de superar el mínimo.

El voto árabe puede convertirse en el factor silencioso

Otro elemento decisivo será la participación de los ciudadanos árabes israelíes. Aunque los principales candidatos judíos han mostrado resistencia a depender directamente de partidos árabes para formar gobierno, la cantidad de escaños que estas fuerzas obtengan puede cambiar completamente las matemáticas de la próxima Knesset.

AP señala que el resultado puede depender precisamente de cómo se distribuyan esos votos y de qué partidos consigan superar el umbral. En un escenario sin mayorías claras, incluso una fuerza que no forme parte del gobierno puede impedir que otro bloque alcance los 61 escaños necesarios.

Trump también juega su propia campaña

La intervención estadounidense tampoco ocurre en un vacío político. Trump enfrenta elecciones legislativas de medio término en noviembre y atraviesa un contexto doméstico donde la política exterior, la guerra con Irán y el costo económico de los conflictos internacionales ya forman parte de la discusión electoral.

Respaldar a Netanyahu refuerza su imagen ante sectores republicanos que consideran a Israel un aliado prioritario y permite presentar una relación personal entre ambos líderes como parte de una política de fuerza frente a Irán. Pero también significa asociar parcialmente su propia reputación con el resultado de una elección extranjera extremadamente incierta.

Elecciones en Israel: una campaña que ya supera las fronteras

Las elecciones en Israel del próximo 27 de octubre han dejado de ser únicamente una competencia doméstica. El respaldo explícito del presidente estadounidense, las amenazas relacionadas con Irán y la reorganización acelerada de la oposición muestran hasta qué punto seguridad, política exterior y campaña electoral se encuentran entrelazadas.

Netanyahu recibió finalmente el apoyo que buscaba, pero todavía necesita transformar ese respaldo en votos y, sobre todo, en una coalición parlamentaria viable. Eisenkot intenta convertir el cansancio acumulado después de años de crisis en una mayoría alternativa, mientras la retirada de Gantz reduce la fragmentación del centro político. A ocho días de las urnas, la elección sigue abierta y probablemente no será el partido más votado, sino la aritmética de las alianzas, la que determine quién gobernará Israel.

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