Llegaron en silencio. Con mascarillas, escoltados por agentes de la Policía Nacional y evitando cualquier contacto con la prensa, tres ciudadanos peruanos aterrizaron este lunes en el aeropuerto Jorge Chávez tras escapar de una presunta red de trata de personas con fines bélicos vinculada al frente ruso en Ucrania. Habían logrado desertar mientras eran trasladados a una segunda línea de combate y buscaron refugio en la embajada peruana en Moscú para iniciar su retorno al país.
Del otro lado los esperaban sus familias. También el miedo. Según explicó el abogado Percy Salinas, tanto los repatriados como sus allegados recibieron amenazas de quienes los reclutaron, motivo por el cual el resguardo policial continuó incluso después de abandonar el aeropuerto.
De ofertas laborales a zonas de combate
La mayoría de los peruanos captados no tenía experiencia militar. Eran taxistas, vigilantes, cocineros, obreros o jóvenes desempleados que encontraron en TikTok, Facebook y Telegram anuncios con salarios elevados, bonos económicos y promesas de una nueva vida en Rusia.
Algunos ofrecimientos hablaban de pagos mensuales de hasta 2.600 dólares y bonos que superaban los 20 mil dólares. Pero al llegar, la situación cambiaba rápidamente. Los pasaportes eran retenidos bajo el argumento de regularizar documentos y los contratos, escritos en ruso, terminaban vinculándolos directamente al Ministerio de Defensa ruso.
Después venía el entrenamiento militar acelerado y el traslado al frente de batalla. Lo que parecía una oportunidad laboral terminaba convirtiéndose en una ruta hacia la guerra.
Una red que operaba desde Lima
Las investigaciones señalan que parte de la estructura de captación operaba desde Perú. Reclutadores identificados con los alias “Kraken”, “Halcón” y “Vicio” utilizaban redes sociales y aplicaciones de mensajería para contactar posibles víctimas.
Cuando el caso comenzó a hacerse público, varios perfiles desaparecieron y los números dejaron de responder. Sin embargo, la defensa legal de las víctimas advierte que la red habría cambiado de estrategia y ahora utilizaría falsas becas de estudio, viajes deportivos e intercambios académicos para captar nuevos perfiles.
Hasta el momento, al menos 15 peruanos habrían muerto en el conflicto y más de 300 seguirían vinculados a estructuras relacionadas con el ejército ruso. Otras estimaciones elevan la cifra a más de 600 ciudadanos captados desde el año pasado.
Una alerta internacional
El fenómeno no afecta únicamente al Perú. Un informe de la Federación Internacional por los Derechos Humanos y la organización Truth Hounds sostiene que Rusia habría reclutado al menos 27 mil extranjeros de más de 130 países desde 2022 mediante mecanismos similares.

Mientras tanto, las familias de los peruanos que aún permanecen en zonas de conflicto exigen una respuesta más rápida del Estado peruano y negociaciones directas para facilitar su retorno.
El caso deja una pregunta difícil de ignorar: ¿cómo una red criminal logró captar a cientos de ciudadanos desde Perú y enviarlos a una guerra extranjera bajo falsas promesas laborales?
Porque detrás de cada cifra hay una historia que comenzó con una oferta de trabajo… y terminó en las trincheras de una guerra que nunca fue suya.
