Un escenario dominado por la desconfianza
A pocos días de las elecciones generales del 12 de abril de 2026, el proceso electoral peruano entra en su fase decisiva en medio de una profunda crisis de confianza. La desaprobación del Congreso, que alcanza el 87%, evidencia un quiebre entre ciudadanía e instituciones que condiciona toda la dinámica electoral.
“El malestar ciudadano se ha convertido en el eje central de la campaña”.
En este contexto, el voto deja de estar guiado únicamente por propuestas y empieza a responder a emociones como el rechazo y el hartazgo.
#PorEstosNo y el voto de castigo
La campaña digital #PorEstosNo ha logrado posicionarse como una de las principales expresiones de ese descontento. Su objetivo es claro: desalentar la reelección de figuras vinculadas al actual Legislativo.
Más que una tendencia en redes, funciona como un canal de articulación del voto de castigo, conectando con percepciones extendidas de impunidad y falta de renovación política.
“No es solo una consigna digital, sino una narrativa que organiza el rechazo”.
Con 35 candidaturas en competencia y sin liderazgos consolidados, la elección se perfila como una de las más abiertas de los últimos años. La fragmentación no fortalece la representación, sino que incrementa la incertidumbre.
“La decisión electoral se define más por descarte que por identificación”.
Una parte significativa del electorado permanece indecisa, lo que otorga un peso determinante a los últimos días de campaña. Las decisiones de última hora y la capacidad de movilización serán factores clave.
Un desenlace abierto
Más que una disputa programática, la campaña refleja una sociedad atravesada por la fatiga política. El resultado final dependerá de qué candidaturas logren traducir ese descontento en votos efectivos.
La elección no solo medirá preferencias, sino la capacidad de capitalizar el malestar ciudadano.