Bolivia atraviesa una fase crítica marcada por el aumento de la conflictividad social y política. Ya son 57 bloqueos activos en distintas zonas del país, enfrentamientos diarios entre manifestantes y fuerzas del orden, y una muerte reconocida oficialmente por el propio Gobierno de Rodrigo Paz, en un escenario que evidencia una creciente pérdida de estabilidad interna.
La tensión volvió a escalar este martes tras nuevos choques entre policías y manifestantes en Parotani, uno de los principales puntos de bloqueo que conecta Cochabamba con el occidente boliviano. Durante los enfrentamientos se registró el uso de explosivos artesanales, gases lacrimógenos y nuevas detenciones, reflejando un conflicto que continúa intensificándose.
El Gobierno confirmó además la muerte de Víctor Cruz Quispe durante un operativo destinado a despejar rutas en La Paz. A ello se suman otras cuatro muertes indirectas vinculadas al desabastecimiento y las dificultades para acceder a atención médica debido al impacto de los bloqueos en distintas regiones.
Mientras Paz anunció una reducción del 50% de su salario y el de sus ministros, insistiendo en recuperar el control de las carreteras y restablecer el orden, la situación ya genera preocupación regional. Lula expresó respaldo institucional al gobierno boliviano y autorizó ayuda humanitaria, mientras Argentina y Chile siguen de cerca el desarrollo de la crisis.
Con Evo Morales respaldando públicamente las protestas y exigiendo la salida del presidente, Bolivia empieza a consolidarse como uno de los principales focos de tensión política en América Latina, en medio de una crisis cuyo desenlace aún es incierto.