En el Perú, el financiamiento público indirecto no es plata libre. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) lo canaliza como franja electoral y espacio no electoral dentro de un Plan de Medios, con contratación vía catálogo o portal para Elecciones Generales 2026.
El anuncio de millones y el truco del mago
Hay una escena que se repite en cada elección: el Estado anuncia millones para “igualar la cancha” en campaña, y los partidos reaccionan con una mezcla de alivio y frustración. Alivio porque, claro, nadie desprecia oxígeno en plena maratón electoral. Frustración porque descubren el truco del mago: no les dan dinero para hacer campaña como campaña real, sino un vale para “comprar” espacio en medios bajo un sistema rígido. Y aquí empieza el verdadero problema: la palabra “financió” suena a libertad, pero el mecanismo suena a condición. En política, el titular entusiasma, pero la letra chica manda.
En el Perú, ese esquema se llama financiamiento público indirecto. La idea “bonita” es esta: si el dinero lo maneja el Estado, se reduce el riesgo de aportes oscuros y se da visibilidad mínima a todos. La idea “real” (la que se siente en la calle) es otra: se creó un mecanismo que termina sirviendo más a la estructura de medios que a la operación cotidiana del partido. Por eso, cuando alguien pregunta “entonces el Estado financia la campaña”, mi respuesta es simple: financia una parte, y esa parte está amarrada. Si no se entiende eso desde el inicio, la campaña arranca con una expectativa equivocada.
Por qué una campaña no es solo “salir en pantalla”
Porque seamos honestos: una campaña no es solo “salir en pantalla”. Una campaña es movilidad, logística, impresión, locales, personeros, capacitación, equipos, contenido, data, activación territorial. Y eso arde 24/7. Lo que quiero subrayar es esto: la pantalla ayuda, pero no reemplaza el trabajo de calle. La visibilidad puede abrir puertas, pero la organización es la que mantiene la puerta abierta cuando llegan las semanas duras.
Y si uno mira el juego completo, se entiende por qué este tipo de financiamiento genera alivio y frustración al mismo tiempo. Alivia porque permite presencia; frustra porque no cubre lo que sostiene el día a día. Dicho claro: puedes sonar mucho, pero si no estás armado, no conviertes esa atención en estructura.
A dónde puede ir ese dinero según la ONPE
¿A dónde puede ir ese dinero? Aquí está el punto clave que tú ya oliste: no es plata libre para gastarla como quiera el partido. Y esto conviene repetirlo porque es donde se equivoca medio mundo: una cosa es recibir presupuesto y otra cosa es que te compren espacios. Son lógicas distintas y producen campañas distintas.
La ONPE define el financiamiento público indirecto como franja electoral y espacio no electoral, dentro de un Plan de Medios. Y, para Elecciones Generales 2026, la asignación se estructura para contratación de propaganda en medios de comunicación y medios digitales registrados como proveedores (vía catálogo/portal). En la práctica, esto obliga a ordenar el mensaje como si fuera una operación de medios, con piezas, tiempos y decisiones que deben calzar con el sistema. No es un “gasto libre”, es una ruta marcada, y el que no la entiende, choca.
En simple: catálogo, reglas y el punto de redes sociales
En simple: no es “toma tu presupuesto y pauta en Meta/Google cuando te dé la gana”. Es “elige dentro del catálogo de tiempos/espacios disponibles y el Estado contrata” (con reglas y trazabilidad). Eso calza con lo que viste en CLARIDAD/ONPE. Y ahí está la diferencia que define todo: el Estado busca control y trazabilidad, mientras la campaña busca agilidad. Por eso, el equipo que gana es el que se adapta rápido sin autoengañarse con la palabra “financiamiento”.
“¿Y redes sociales? ¿Eso no significa Meta Ads?” Acá la norma peruana usa “redes sociales”, pero operativamente lo amarra a proveedores registrados y a un catálogo. Eso normalmente no equivale a “pautar libremente Meta Ads o Google Ads” como si fuera tu billetera de campaña. Puede haber presencia en redes vía proveedores (medios/canales que ofrecen inventario digital), pero no necesariamente contratación directa de plataformas (y menos “gastos operativos”). Entonces, para que nadie se pierda: sí, puede haber redes dentro del esquema, pero bajo la lógica de proveedor y catálogo. Si lo entiendes así, planificas mejor, comunicas mejor y dejas de pelearte con una expectativa que el propio diseño no promete.
Para cerrar, lo digo como se debe decir en campaña: este financiamiento público indirecto no es un “salvavidas” para hacer política, es un mecanismo para ordenar propaganda con reglas, catálogo y trazabilidad. Si el partido lo entiende desde el inicio, puede usarlo como palanca de visibilidad y no como excusa de operación. Porque al final, la campaña se gana con organización, presencia territorial y decisión diaria, y la franja solo cubre una parte del tablero, no el partido completo.
