España celebrará elecciones generales anticipadas el próximo 29 de noviembre, después de que Pedro Sánchez decidiera disolver el Congreso y el Senado y acortar una legislatura iniciada tras los comicios de julio de 2023. El decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado establece que la campaña comenzará oficialmente el 13 de noviembre y concluirá el día 27, aunque la competencia electoral ya está plenamente activada.
La elección plantea algo más complejo que determinar qué partido obtiene más votos. Las primeras encuestas sitúan al Partido Popular en cabeza, pero sin capacidad suficiente para gobernar solo, mientras Vox aparece considerablemente fortalecido. Del otro lado, el PSOE necesita reducir la distancia y, al mismo tiempo, evitar que la fragmentación de las fuerzas situadas a su izquierda termine desperdiciando votos decisivos en determinadas circunscripciones. El 29-N se configura así como una competencia por convertir apoyo electoral en mayoría parlamentaria.
Una elección anticipada como movimiento estratégico
Pedro Sánchez justificó la convocatoria anticipada después de que el Gobierno volviera a encontrar dificultades para sostener su agenda parlamentaria y, particularmente, tras un nuevo bloqueo relacionado con medidas de vivienda. En su anuncio del 5 de octubre, el presidente planteó que correspondía devolver la decisión a los ciudadanos ante un Parlamento incapaz de construir mayorías suficientes sobre algunos de los principales asuntos de la legislatura.
Sin embargo, adelantar unas elecciones implica también modificar el terreno sobre el que competirán los partidos. Reduce el tiempo disponible para reorganizar candidaturas, obliga a acelerar coaliciones y puede tomar a los adversarios en diferentes niveles de preparación. La izquierda alternativa dispone, por ejemplo, hasta el 16 de octubre para comunicar formalmente sus coaliciones, apenas once días después del anuncio electoral. Las candidaturas deberán presentarse posteriormente entre el 21 y el 26 de octubre.
La mayoría se juega en la eficiencia del voto
El sistema electoral español convierte la coordinación entre partidos en una variable estratégica. El Congreso cuenta con 350 diputados distribuidos entre circunscripciones provinciales y los escaños se asignan aplicando un sistema de cocientes entre las candidaturas que obtengan al menos el 3 % de los votos válidos de cada circunscripción. El número de diputados disponibles varía considerablemente entre territorios: Madrid elegirá 38 y Barcelona 32, mientras provincias como Soria escogerán únicamente dos.
La consecuencia es importante: dos fuerzas ideológicamente próximas pueden sumar un porcentaje relevante a escala nacional y, aun así, obtener menos representación si compiten separadas en provincias donde existen pocos escaños disponibles. Por eso, la fragmentación no afecta únicamente a la imagen de unidad de un bloque político; también puede modificar matemáticamente la traducción de votos en diputados. En una elección donde la mayoría absoluta se encuentra en 176 escaños, pequeños cambios territoriales pueden alterar completamente la capacidad posterior de formar gobierno.
PP y Vox: competir mientras necesitan sumar
Las encuestas publicadas este 12 de octubre dibujan un escenario favorable para la derecha, aunque con una característica decisiva: el Partido Popular seguiría necesitando a Vox. Tres sondeos recopilados por EFE sitúan al PP entre 133 y 141 diputados, mientras Vox alcanzaría entre 64 y 68. El PSOE se movería entre 103 y 107 escaños. Si esas tendencias se mantuvieran, PP y Vox superarían conjuntamente la mayoría absoluta con amplitud.
Esto genera una relación estratégica particular entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. El PP necesita movilizar suficiente voto para mantenerse claramente como primera fuerza y reducir su dependencia de Vox, mientras este último tiene incentivos para crecer precisamente a costa de sectores conservadores descontentos con los populares. Ambos partidos compiten por parte del mismo electorado, pero cualquier futura mayoría gubernamental podría depender de su capacidad para cooperar después de las elecciones.
La izquierda enfrenta una batalla contra la fragmentación
La situación es diferente en el espacio situado a la izquierda del PSOE. El promedio de encuestas elaborado por RTVE proyectaba recientemente 104 diputados para los socialistas, diez para Sumar y tres para Podemos. Frente a esta tendencia, la negociación sobre candidaturas conjuntas ha adquirido un peso estratégico porque una división excesiva puede provocar que determinados votos no lleguen a convertirse en representación parlamentaria.
Los movimientos continúan incluso este 12 de octubre. Podemos y ERC anunciaron un acuerdo para colaborar electoralmente en Cataluña, mientras Gabriel Rufián encabezará la candidatura republicana y hará actos de campaña junto a Irene Montero. Paralelamente, el Frente Amplio, integrado por Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar, ha planteado a Ada Colau como candidata presidencial y mantiene abierta la posibilidad de incorporar a Podemos en un acuerdo estatal.
La campaña también será una disputa por definir el problema
Toda campaña electoral contiene una competencia menos visible: conseguir que el electorado discuta sobre los asuntos que más benefician a cada candidatura. Para el PSOE, la vivienda aparece como uno de los terrenos centrales después de que Sánchez vinculara directamente ese problema con la convocatoria electoral. Los datos analizados por El País a partir de estudios del CIS muestran que el acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones del electorado, especialmente entre los jóvenes.
Para PP y Vox existen otros marcos potencialmente más favorables. El descontento con el Gobierno, la inmigración, la economía y la crítica al funcionamiento de las instituciones aparecen con distinta intensidad entre sus electorados. Esto significa que la campaña no se limitará a responder quién ofrece mejores soluciones, sino que cada bloque intentará imponer qué problema debe decidir el voto del 29 de noviembre. Quien consiga dominar ese marco puede condicionar el comportamiento de sectores todavía indecisos.
Movilizar será tan importante como persuadir
El Partido Popular parece haber identificado la movilización como una prioridad temprana. Feijóo ha pedido a sus estructuras territoriales una “movilización máxima” y busca aprovechar la red institucional de un partido que gobierna en buena parte de las comunidades autónomas. La estrategia incluye reforzar territorios donde tradicionalmente el PP encuentra mayores dificultades y utilizar a dirigentes regionales y locales como multiplicadores de campaña.
El mismo principio funciona para el resto de bloques. En un escenario altamente polarizado, convencer a un votante de cambiar completamente de posición puede resultar más costoso que conseguir que un simpatizante indeciso finalmente acuda a las urnas. Organización territorial, bases de datos, segmentación, contacto directo, redes sociales y capacidad para identificar dónde existen bolsas de abstención potencialmente recuperables serán componentes centrales de la estrategia electoral.
El Senado abre otra batalla estratégica
La elección tampoco se limita al Congreso. El PSOE está evaluando concurrir junto con otras fuerzas de izquierda en determinadas candidaturas al Senado con el objetivo de reducir la ventaja del Partido Popular en la Cámara Alta. El movimiento evidencia que las coaliciones están siendo analizadas no solo en términos ideológicos, sino también desde su capacidad para optimizar representación institucional.
La importancia del Senado puede crecer considerablemente si el resultado del Congreso produce nuevamente un Ejecutivo sin una mayoría propia en ambas cámaras. Controlar una de ellas proporciona capacidad para condicionar procedimientos legislativos, nombramientos y equilibrios institucionales. Por eso, las negociaciones previas al 16 de octubre son también decisiones sobre cómo distribuir recursos electorales en diferentes niveles del sistema político.

España entra en una campaña de bloques
Las encuestas actuales ofrecen una fotografía favorable al bloque PP-Vox, pero todavía faltan casi siete semanas para votar y los sondeos no constituyen un resultado electoral. Lo realmente significativo es la estructura de la competencia: la derecha parte con ventaja y busca consolidarla, el PSOE intenta convertir el adelanto electoral en una nueva movilización de su espacio y las fuerzas situadas a su izquierda compiten contra el reloj para evitar que su fragmentación reduzca su representación.
Las elecciones de España serán, por ello, un caso especialmente interesante desde la estrategia política. La clave probablemente estará menos en quién consigue una gran variación nacional de votos que en quién moviliza mejor, quién coordina de forma más eficiente a sus aliados y dónde logra transformar porcentajes ajustados en escaños decisivos. El 29-N será una elección nacional, pero su resultado se construirá circunscripción por circunscripción y alianza por alianza.