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Centros de datos rusos: Ucrania lleva la guerra al corazón digital de Moscú

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Los centros de datos rusos se han convertido en uno de los nuevos objetivos de la campaña ucraniana de largo alcance. Durante octubre, drones ucranianos alcanzaron instalaciones vinculadas a Yandex, Sberbank y VKontakte, provocando interrupciones en servicios digitales utilizados diariamente por millones de ciudadanos y empresas. La ofensiva muestra cómo la guerra empieza a desplazarse desde refinerías, depósitos y redes eléctricas hacia la infraestructura que sostiene la economía digital.

Los daños ya se sienten más allá del terreno tecnológico. Usuarios reportaron problemas en servicios bancarios, comercio electrónico, geolocalización, taxis, plataformas de entrega, sistemas de pago y herramientas de inteligencia artificial. Incluso tribunales arbitrales rusos habrían tenido que suspender o modificar actividades debido a dificultades para acceder a bases de datos.

Ucrania cambia nuevamente la lógica de sus ataques

Durante buena parte de 2026, Kiev concentró sus ataques de largo alcance sobre refinerías, depósitos de combustible y otras infraestructuras vinculadas directamente al esfuerzo militar ruso. Esa campaña buscaba aumentar los costos económicos de la guerra y llevar sus consecuencias hacia el interior del territorio ruso.

La nueva ofensiva contra infraestructura digital amplía ese objetivo. Entre el 8 y el 18 de octubre, drones ucranianos alcanzaron tres instalaciones de Yandex, un centro asociado a Sberbank y otro utilizado por VK. Algunos de esos complejos se encuentran a cientos de kilómetros de la frontera ucraniana.

Yandex sufrió el golpe más importante

El ataque más significativo ocurrió el 8 de octubre contra una instalación de Yandex en Sasovo, en la región de Ryazan. El complejo alojaba parte de la infraestructura de supercomputación utilizada por la compañía para servicios en la nube y desarrollo de modelos de inteligencia artificial.

Posteriormente fueron atacadas instalaciones en Kaluga y Vladimir. Yandex reconoció daños e interrupciones en diferentes servicios y trasladó parte de su carga hacia otros centros del país. Sin embargo, analistas consideran que los daños sobre equipos especializados podrían ser mucho más difíciles de reemplazar que una simple recuperación de servidores convencionales.

El impacto llegó a la vida cotidiana

La importancia de Yandex dentro de Rusia explica por qué los ataques tuvieron efectos tan amplios. La compañía funciona como buscador, plataforma de mapas, sistema de pagos, servicio de transporte, comercio electrónico, almacenamiento en la nube y proveedor tecnológico para numerosas empresas.

Conductores de Yandex Go reportaron dificultades para contactar pasajeros, mientras usuarios experimentaron problemas con pagos, entregas y aplicaciones. Algunos edificios inteligentes y sistemas privados de acceso también enfrentaron interrupciones porque dependen de servicios alojados en infraestructura de Yandex.

Sberbank también quedó dentro del nuevo frente

El 14 de octubre, drones ucranianos alcanzaron un centro de datos relacionado con Sberbank en Balakovo, región de Saratov. El proyecto había sido presentado por el banco como una de las principales infraestructuras tecnológicas del país y estaba vinculado a su creciente ecosistema digital.

Sberbank ya no funciona únicamente como institución financiera. Opera servicios digitales, sistemas en la nube y su propio modelo de inteligencia artificial, GigaChat. Después del ataque, usuarios reportaron dificultades en algunos productos digitales, aunque los servicios bancarios esenciales continuaron funcionando.

La inteligencia artificial rusa también queda expuesta

El impacto más estratégico puede encontrarse en la capacidad de computación. Rusia ha invertido durante los últimos años en infraestructura destinada a reducir su dependencia tecnológica y desarrollar modelos propios de inteligencia artificial.

Los supercomputadores de Yandex utilizaban chips Nvidia A100, componentes difíciles de reemplazar debido a sanciones occidentales y a la escasez global de procesadores avanzados. Si parte importante de ese hardware quedó destruida, reconstruir la capacidad podría requerir meses o incluso años.

La soberanía digital rusa crea una paradoja

Moscú lleva años impulsando una estrategia de “internet soberano” destinada a mantener datos, servicios y capacidad tecnológica dentro de Rusia. La lógica busca reducir exposición frente a empresas extranjeras y aumentar el control estatal sobre la infraestructura digital.

Pero esa centralización también genera vulnerabilidades físicas. Al mantener grandes cantidades de información y capacidad computacional dentro del territorio ruso, los centros se convierten en objetivos localizables para drones de largo alcance. Ucrania, en cambio, ha distribuido parte de su infraestructura digital entre proveedores y aliados europeos desde el inicio de la invasión.

Un servidor puede ser tan estratégico como una refinería

Durante décadas, la infraestructura crítica se asociaba principalmente con centrales eléctricas, puentes, puertos, aeropuertos y fábricas. La digitalización ha añadido una nueva categoría: edificios llenos de servidores capaces de sostener bancos, gobiernos, transporte y comunicaciones.

Un centro de datos tiene además una vulnerabilidad particular. No necesita ser completamente destruido para quedar inutilizado. Incendios, humo, fallas eléctricas o daños en sistemas de refrigeración pueden inutilizar grandes cantidades de hardware extremadamente sensible.

Rusia enfrenta un problema de defensa distribuida

Proteger refinerías y bases militares ya representa un desafío para Moscú debido al tamaño del territorio ruso y al crecimiento del alcance de los drones ucranianos. La aparición de centros tecnológicos como objetivos obliga ahora a distribuir todavía más los recursos de defensa aérea.

Cada instalación adicional que necesita protección amplía la presión sobre radares, interceptores y sistemas antiaéreos. Ucrania no necesita destruir toda la infraestructura rusa: puede obligar al Kremlin a decidir qué activos proteger prioritariamente y cuáles quedan más expuestos.

La guerra económica entra en una nueva fase

Los ataques también buscan trasladar los costos de la guerra hacia sectores de la población que normalmente permanecían alejados del frente. Cuando un ciudadano no puede utilizar una aplicación bancaria, pedir un taxi o acceder normalmente a un servicio digital, la guerra se vuelve visible dentro de la rutina cotidiana.

Ese impacto tiene una dimensión psicológica. La capacidad de Kiev para golpear sistemas ubicados profundamente dentro de Rusia contradice la imagen de un territorio completamente protegido y obliga a empresas privadas a incorporar riesgos militares dentro de su planificación.

Moscú tendrá que descentralizar o reforzar su infraestructura

El primer desafío ruso será reparar las instalaciones dañadas. El segundo será evitar que los mismos ataques vuelvan a producir consecuencias similares. Eso puede significar construir centros más pequeños, distribuir infraestructura entre regiones o reforzar físicamente instalaciones consideradas críticas.

Pero cualquiera de esas soluciones implica costos. La descentralización reduce eficiencia y aumenta necesidades logísticas, mientras proteger grandes centros con defensas aéreas consume recursos militares que podrían utilizarse en otras partes del frente.

Los datos se convierten en infraestructura crítica

La guerra de Ucrania está demostrando que los activos digitales ya forman parte del cálculo militar. Servidores, centros de computación, plataformas en la nube y sistemas de inteligencia artificial sostienen actividades civiles, económicas y estatales que pueden verse afectadas sin necesidad de atacar directamente una fábrica o una central eléctrica.

Ese cambio también transforma la inteligencia militar. Identificar dónde se encuentran las instalaciones, qué servicios alojan, qué empresas dependen de ellas y cuánto tiempo tardaría su recuperación puede convertirse en información tan valiosa como conocer la ubicación de un depósito de combustible.

Centros de datos rusos: el nuevo frente de la guerra digital

Los ataques de octubre muestran que la campaña ucraniana está ampliando nuevamente sus objetivos. Después de refinerías, depósitos y centros logísticos, Kiev ha comenzado a golpear infraestructura capaz de afectar simultáneamente economía, servicios digitales e inteligencia artificial.

Para Rusia, el problema va más allá de reparar edificios. La ofensiva expone una vulnerabilidad estructural: la digitalización concentra enormes cantidades de capacidad económica y tecnológica en instalaciones físicas que también pueden ser atacadas.

Los centros de datos rusos se han convertido así en una nueva pieza del campo de batalla. En una guerra donde los algoritmos, las comunicaciones y la información pesan cada vez más, destruir capacidad de procesamiento puede terminar siendo tan estratégico como destruir combustible, municiones o infraestructura industrial.

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