La campaña electoral peruana de 2026 se desarrolló en un escenario de alta fragmentación y dificultad para diferenciar candidaturas. Fuerza Popular obtuvo el 17.192 % de los votos válidos y Juntos por el Perú alcanzó el 12.039 %; juntas, ambas candidaturas concentraron apenas el 29.231 % en primera vuelta. Semanas antes de la elección, además, el 29 % de los electores todavía no había definido su voto y otro 27 % señalaba que podía cambiar de preferencia.
El caso de César Acuña resulta ilustrativo para analizar los límites de la inversión electoral. Su campaña destinó aproximadamente S/2.27 millones a estrategia digital, más de S/1.12 millones a anuncios en Meta y recibió más de S/7 millones en aportes. Sin embargo, obtuvo 192,516 votos, equivalentes al 1.150 % de los votos válidos, y terminó en el decimotercer lugar. El resultado muestra que los recursos pueden ampliar exposición y alcance, pero requieren una estrategia capaz de convertirlos en posicionamiento, confianza y finalmente voto.
1. Tener información sin construir un diagnóstico
Las encuestas mostraban que la inseguridad era considerada el principal problema nacional por el 39 % de los consultados, seguida de la corrupción, con 26 %, y la situación económica, con 15 %. Conocer ese orden permitía identificar preocupaciones generales, pero resultaba insuficiente para diseñar una estrategia. Era necesario determinar qué significaba cada problema para diferentes segmentos, qué emociones generaba, en qué territorios adquiría mayor intensidad y qué atributos buscaban los electores en una candidatura capaz de enfrentarlo.
El error estratégico aparece cuando la investigación se utiliza únicamente para conocer quién sube o baja en las encuestas. Desde una lógica de War Room, el diagnóstico debe integrar investigación cuantitativa y cualitativa, análisis territorial, escucha digital, cobertura mediática y reportes de campo. La información adquiere valor cuando permite identificar oportunidades, establecer prioridades y decidir dónde concentrar recursos.
2. Hablar de todos los problemas sin apropiarse de ninguno
En una elección con 35 fórmulas presidenciales, mencionar inseguridad, corrupción, empleo, educación y salud resultaba insuficiente para construir diferenciación. Las candidaturas necesitaban establecer prioridades claras y asociar determinados problemas con atributos reconocibles de sus candidatos, de forma que los electores pudieran identificar rápidamente qué representaba cada opción.
Apropiarse estratégicamente de un tema implica mantener coherencia entre discurso, agenda pública, presencia territorial y comunicación digital. Una candidatura puede desarrollar propuestas en distintas áreas, pero necesita un eje rector que organice su narrativa. Cambiar permanentemente de mensaje o reaccionar a cada coyuntura sin una prioridad definida puede aumentar la exposición y, al mismo tiempo, debilitar el posicionamiento.
3. Confundir notoriedad digital con intención de voto
La campaña de César Acuña mostró los límites de evaluar el desempeño digital únicamente mediante alcance, visualizaciones o seguidores. La participación de streamers como “Cristorata”, “Neutro” y “Niño Viejo” permitió ampliar la exposición del candidato entre determinadas audiencias, pero la atención obtenida mediante contenido digital no garantiza por sí sola una modificación favorable de la percepción política.
La selección de influencers y plataformas debe considerar correspondencia con segmentos electorales, credibilidad, afinidad con el posicionamiento, riesgo reputacional y capacidad de producir acciones medibles. Una estrategia digital necesita observar todo el recorrido de conversión: exposición, reconocimiento, valoración, consideración, preferencia y movilización. Una reproducción puede medir atención; el desafío estratégico consiste en determinar cuánto de esa atención se transforma efectivamente en apoyo electoral.F
4. Improvisar alianzas, vocerías y respuestas de crisis
En un escenario fragmentado, las alianzas pueden ampliar capacidades territoriales, incorporar nuevos liderazgos y facilitar acuerdos políticos. Sin embargo, un respaldo no representa automáticamente una transferencia de votos. Antes de incorporar un aliado, una campaña debería evaluar su compatibilidad con el posicionamiento, los beneficios electorales esperados, sus antecedentes, posibles contradicciones y los riesgos reputacionales asociados.
La misma planificación resulta necesaria frente a controversias y crisis. Un War Room necesita establecer sistemas de alerta, voceros autorizados, responsables de decisión, información disponible y tiempos máximos de respuesta. La improvisación aumenta la posibilidad de emitir mensajes contradictorios, extender innecesariamente una controversia o convertir un problema manejable en un daño mayor para la candidatura.
5. Prepararse para ganar sin prepararse para gobernar
La segunda vuelta presidencial se definió por una diferencia de apenas 49,641 votos. Un resultado estrecho puede otorgar legitimidad jurídica suficiente para asumir el Gobierno, pero también puede revelar una sociedad electoralmente dividida y un margen limitado para interpretar la victoria como un mandato político amplio.
La gobernabilidad debería comenzar a trabajarse antes del día de la elección. Una campaña profesional necesita identificar potenciales aliados legislativos y sociales, desarrollar una narrativa de reconciliación, preparar equipos técnicos para la transferencia de poder y establecer prioridades para los primeros cien días. Bajo esta lógica, el War Room electoral debe estar preparado para evolucionar hacia un sistema de análisis y toma de decisiones gubernamentales.
Cinco reglas estratégicas que deja la elección peruana
La experiencia de 2026 permite identificar cinco principios: el dato sin interpretación limita el diagnóstico; una propuesta sin posicionamiento dificulta la diferenciación; la visibilidad sin conversión reduce la efectividad de la operación; una alianza sin evaluación de riesgos puede generar costos inesperados; y una victoria sin estrategia de gobernabilidad puede enfrentar rápidamente problemas para construir mayorías.
Una campaña profesional necesita conectar investigación, decisión y ejecución mediante objetivos definidos, responsables, indicadores y mecanismos de corrección. La inversión económica puede aumentar las capacidades disponibles, pero su rendimiento depende de la calidad del sistema estratégico que la administra. Ganar una elección constituye el objetivo inmediato; construir las condiciones políticas e institucionales para gobernar después de ella determina la sostenibilidad del resultado.