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EL CHAVISMO CAE Y LA PROGRESÍA MUNDIAL SE ATRAGANTA

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La intervención militar estadounidense en Caracas que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa parecía más escena de Netflix que política real, es un hecho que marca un punto de inflexión sin precedentes en la larga tragedia venezolana.

Después de décadas de tergiversaciones ideológicas, protestas sangrientas, fraudes electorales y promesas rojas que solo engendraron miseria y narcotráfico, el mundo ha visto, por fin, la caída simbólica de uno de sus exponentes más patéticos.

No es un secreto para nadie, aquella falacia cosmética de que el socialismo puede conducir a la prosperidad, lo cual no pasa de ser un espejismo devastador. Las críticas al estatismo como elemento corrosivo de la libertad individual, tienen total fundamento a la luz de los hechos históricos que son irrebatibles y, Venezuela ha sido el laboratorio de esa catástrofe que ha dejado -como en Cuba- solo ruinas y desolación humana.

En un comunicado vibrante que ha incendiado las redes de libertad, María Corina Machado proclamó: “llegó la hora de la libertad”, celebrando lo que muchos en las plazas, en los barrios y en el exilio han esperado durante años, el fin del narco dictador que convirtió el país en un narcoestado. Las fronteras y carreteras sudamericanas han sido testigos de la diáspora, del sufrimiento de madres pariendo a la intemperie y jóvenes en busca de futuro (8 millones), cifra que resuena como sermón para quienes siempre confiaron en la paz, sin entender que, la paz sin justicia es solo mitomanía.

Antes de esta intervención se habían agotado, una por una, las vías pacíficas para desmantelar el aparato chavista. Diálogos sin resultados, movilizaciones reprimidas con saña, fraudes electorales comprobados y acuerdos rotos una y otra vez, sin contar con los presos políticos (18.305) y torturados (36.800), más ejecuciones extrajudiciales (10.000) en medio de un nivel de pobreza cercano al 90% de la población.

La comunidad internacional, tibia y temerosa, se limitó a discursos de condena, mientras tanto, estructuras criminales enquistadas en las Fuerzas Armadas, colectivos paramilitares y redes de narcotráfico internacional convertían a Venezuela en una incubadora de corrupción global.

La lógica de la intervención norteamericana, aunque incómoda para los guardianes del “sagrado derecho internacional” que hoy se rasgan las vestiduras, en el sofá de su casa, por la soberanía y el petróleo, responde al agotamiento de todo intento serio de resolución interna. Cada día de negligencia, en el exterior, fue una lápida más en el cementerio de libertades venezolanas y mientras algunos cancilleres europeos hacían llamados a respetar el status quo, millones de venezolanos sufrían hambre, exilio forzado y represión cotidiana.

La ironía histórica es cruel, quienes defendieron fervientemente los derechos humanos desde la comodidad de salones diplomáticos, eran incapaces de ver la atrocidad que ocurría a pocas horas de vuelo.

Ahora, con Maduro fuera de juego, su séquito no ha sido desactivado, sin embargo, se abre la peligrosa, pero quizás única, posibilidad de una transición democrática segura.

¿Cómo hacerlo sin repetir errores?

Primero, desmantelar los resortes de poder del chavismo; judicializar cada crimen de lesa humanidad; desactivar los colectivos armados; abrir las fuerzas armadas a la supervisión internacional y desmilitarizar la economía petrolera. Luego, convocar elecciones libres y transparentes, bajo observación internacional estricta.Tercero, reconstruir la sociedad civil, reparar a las víctimas y garantizar un retorno seguro para los exiliados. Y finalmente, desarticular las redes de narcotráfico e integrar a Venezuela en alianzas democráticas regionales.

La caída de Maduro podría ser el capítulo final, pero no, es recién el comienzo de una epopeya de reconstrucción, quedan piedras en el camino, mandos medios, asesores económicos y camaradas beneficiarios y subvencionados con dinero del pueblo venezolano, a quienes habría que extraerlos también.

Por lo pronto, una vez caído Herodes, los llaneros han tenido unas felices pascuas y la región se queda con la lección aprendida, la libertad no admite sustitutos, pero la pregunta surge de inmediato: Maduro fuera, ¿libertad dentro?

Mientras tanto, los venezolanos de a pie, sin la preocupación del petróleo robado desde siempre y la soberanía afectada desde hace tres décadas, solo piensan en abrazar a los suyos, reunirse en familia y volver a ser…

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