
El Transito del libre mercado al ciclo del «América First»
La hegemonía estadounidense en el siglo XXI está comprendida por particularidades multifactoriales, siendo que, desde el orden unipolar después de la caída del muro de Berlín pasando a una estructura multipolar incipiente caracterizada por el ascenso de potencias revisionistas como China, Rusia y Corea del Norte en la actualidad ha implicado establecer contrapesos al tradicional intervencionismo unilateral de Washington, que, mediante instrumentos de hard power y soft power (Lopez:2020), han contrapuesto la supremacía global estadounidense, estableciendo una turbulencia geopolítica a nivel global lo que ha socavado la credibilidad y el poder blando del país estadounidense, exponiendo una paradoja histórica de una potencia que, mientras proyecta fuerza externa hegemónica, al interior se ve fracturada por una coyuntura interna de gestión migratoria y asuntos fiscales deficitarios lo que limita su capacidad de acción, abriendo oportunidades para asumir el liderazgo global bajo una renovación de paradigmas y capacidad de generar bienes públicos globales.
Cabe señalar que, la racionalidad geopolítica estadounidense ha entendido históricamente que la reproducción de la hegemonía global se sustenta en el control de los factores de poder como: la geografía, los recursos y el espacio, materializando así la lucha por el control territorial y estratégico para la dominación e influencia, según la tradición de los pensadores Mackinder y Ratzel; a saber que, la política exterior estadounidense anterior a la administración de Trump se articuló en torno a una preeminencia de tipo liberal, cimentada en un entramado institucional multilateral, así como la promoción de la democracia, el libre mercado y el fortalecimiento sistemático de alianzas estratégicas con Europa y Asia, configurando un orden internacional que buscaba garantizar la estabilidad y seguridad colectiva (DGyT:UNS, 2018); no obstante, frente a los nuevos desafíos sistémicos, Estados Unidos experimentó un tránsito paradigmático hacia la doctrina del «America First», la cual implica un nacionalismo económico que prioriza los intereses inmediatos internos del Estado; este nuevo enfoque se traduce como el desaire de los compromisos multilaterales, frente a la preferencia por los acuerdos bilaterales y la asunción de prácticas proteccionistas tal ejemplo la guerra comercial con China, debilitando los pilares del orden liberal internacional ante la nueva arquitectura del poder global enfocado hacia un unilateralismo.
En ese sentido, con la reconfiguración de la política exterior estadounidense orientado a un unilateralismo estratégico, bajo la doctrina «America First» se ha planteado un retorno a los principios del Lebensraum o «espacio vital» propuesta por el filósofo Frederick Ratzel, comprendida como la expansión de esferas de influencia necesarias para la seguridad y la hegemonía global a través de dominios estratégicos como el ciberespacio, los recursos, los corredores comerciales y las zonas de exclusión militar, cabe puntualizar que, además este giro evoca el espíritu proteccionista de la Doctrina Monroe («América para los americanos»), reafirmando la seguridad y estabilidad regional y hemisférica bajo el control de recursos energéticos y tecnológicos a nivel global.
Por lo señalado, la administración estadounidense pretende buscar redefinir su hegemonía a través de una geopolítica de intereses vitales, que combinando el hard power, con alianzas bilaterales y una diplomacia coercitiva que prioriza la resiliencia interna, nos lleva a generar una pregunta para su análisis y comprensión: ¿Puede esta reconceptualización del «espacio vital» en términos multidimensionales garantizar una hegemonía global sostenible?, o en todo caso ¿Establecer un mecanismo de fragmentación del orden internacional lo que ocasionaría la intensificación de rivalidades sistémicas?.
Factores estructurales de la hegemonía geopolítica
La actual coyuntura internacional presenta a Estados Unidos con una posición de supremacía dentro de la jerarquía económica y financiera, sin embargo, su hegemonía enfrenta una deterioro estructural interno como la situación de su deuda pública que socava su autonomía fiscal, la rivalidad sistémica con China que disputa la supremacía tecnológica y comercial global, además de la confrontación con potencias revisionistas como Rusia y Corea del Norte obliga a reconfigurar las bases de su dominio; Asimismo, los dilemas internos como la gestión migratoria que tensionan su cohesión social y su poder blando han causado que la estrategia estadounidense busque construir nuevos espacios vitales en los recursos o áreas compartidas, así como los ciberespacios bajo el intercambio de tecnología por recursos e infraestructura digital para establecer, expandir e influir con su potencial físico y comercial una red de alianzas con Estados estratégicos para la consolidación de la hegemonía mundial.
Se debe puntualizar que, la consolidación de un espacio vital es necesario para Estados Unidos a fin de mantener la hegemonía global y recorrer a un nuevo orden que exige una centralización de las decisiones en el poder ejecutivo, es decir, la expresión de un presidencialismo expansivo que instrumentaliza la seguridad nacional como herramienta coercitiva para contraponer al narcotráfico como amenaza nacional, así como regular los flujos migratorios e interactuar de manera unilateral con Estados no alineados como Venezuela por ejemplo para proteger la soberanía, de tal mamera que expresión redefina las relaciones interorgánicas del poder público a favor de un ejecutivo unificador.
Por otra parte, la dinámica revolucionaria de las inteligencias artificiales y la reconfiguración de los acuerdos comerciales delinean una geoeconomía global donde la proyección del poder estadounidense se ejerce mediante el control estratégico de recursos energéticos, siendo que el control del petróleo venezolano y los acuerdos con países poseedores de recursos naturales alternos para producir energía constituyen un imperativo geopolítico de dominación de la oferta, influir en los precios y subordinar la soberanía energética regional a los intereses de seguridad nacional y hegemonía tecnológica.
Asimismo, con la iniciativa estadounidense de la Pax Silica lanzada a fines de 2025, mediante acuerdos ha implicado una formalización de reciprocidad geoeconómica donde el acceso a minerales y materiales esenciales son intercambiados por tecnología de semiconductores para la IA y otras tecnologías avanzadas, implementando el paradigma de una diplomacia transaccional, es decir, tecnología y chips por recursos, lo que significaría reconfigurar el poder estructural global al convertir la dependencia tecnológica en un instrumento de alineamiento político, de Estados poseedores de recursos a una nueva cartografía de influencia comercial y seguridad nacional en la carrera por los bienes estratégicos.
Por último, el panorama mundial refleja un profundo reacomodo geopolítico hacia un orden multipolar compuesto de gobiernos corporativos regionales, estructurado bajo un nuevo nomos schmittiano que, fundamentado en la distinción amigo-enemigo y la decisión soberana sobre la distribución global (Rodríguez, 2022), fragmenta el mundo en espacios de influencia exclusivas para redistribuir recursos y equilibrar el poder, materializado en una nueva cartografía, siendo que, China podría afirmar su hegemonía en el Sudeste Asiático; mientras que Rusia consolidaría el control de recursos en Ucrania e Israel rediseñaría el orden regional de Oriente Medio, avanzando hacia una futura integración comercial regional. Así, la política exterior contemporánea configura un sistema de bloques competitivos y soberanías confrontadas.
En síntesis, la reconceptualización del «espacio vital» podría significar el síntoma de cambios a una nueva era hegemónica; siendo que el uso de la coerción simboliza una ruptura epistemológica con el paradigma del poder blando (Nye, 2004) y el orden institucional transatlántico, inaugurando un nuevo nomosde la tierra (Schmitt, 1950) basado en la decisión soberana y la acción unilateral, consolidando así un nuevo orden mundial donde la coerción reemplaza a la cooperación y la aplicación de las nuevas reglas de la política internacional hacia un mundo global regionalizado.

El nuevo espacio vital y el mercado transaccional
Por lo señalado, la reconceptualización multidimensional del «espacio vital» tendría como propósito obtener el control del espacio y ciberespacio, la geografía, los recursos, ampliando a las cadenas de suministro tecnológicas y la órbita terrestre como factores de hegemonía coercitiva global de la política exterior estadounidense, sin embargo, al instrumentalizar el espacio vital como herramienta de coerción, este implicaría establecer relaciones de interdependencia y reproducción de poder, donde la primera potencia genere acuerdos estratégicos con otros Estados para poder tener acceso a los recursos naturales a cambio de tecnología según la diplomacia transaccional de Pax Silica y competir con otras potencias que aceleran sus propias esferas de influencia espacial, lo que significaría configurar un escenario de segmentación estratégica de Estados para consolidar la soberanía tecnológica y económica global (Nye, 2011; Farrell & Newman, 2019).
Asimismo, este proceso de reconceptualización promovería una intensificación de rivalidades sistémicas, que según la lógica schmittiana del nuevo nomos, basada en la distinción amigo-enemigo y la toma de decisiones soberanas sobre espacios vitales, con el propósito de establecer la dominación legitima en los espacios geográficos, descartando reproducir el orden liberal universal lo que significa un neo-westfalianismo, donde los Estados asociados en bloques emergentes de poder competirían en un juego de suma cero por el control de los recursos naturales o espacios de comercio exterior, a fin de establecer un sistema multipolar competitivo y soberanías confrontadas.
Por consecuencia, el escenario internacional apunta hacia un orden multipolar liquido comprendido por bloques de Estados mediante alianzas fluctuantes según los intereses en el marco de la diplomacia transaccional que comprende los chips, energía e inteligencia artificial por recursos naturales o cesión de espacios; asimismo, algunos Estados se verán forzados a entablar relaciones diplomáticas con bloques hegemónicos para ser parte de la incidencia en la redefinición del futuro nomos de la Tierra.

Conclusiones
La reconfiguración del «espacio vital» hacia dominios multidimensionales como política exterior estadounidense lejos de cimentar una hegemonía sostenible, ha actuado como un catalizador de dominación sistémica, siendo que, al privilegiar un nomos schmittiano de decisión soberana (Schmitt, 1950) para facilitar la provisión de bienes públicos, se ha promovido un nuevo orden multipolar, impulsando a otros actores a construir bloques competitivos transaccionales como estrategia de poder, desplazando el viejo orden liberal del sistema internacional.
El nuevo escenario se constituye en establecer un nuevo orden, marcado por una multipolaridad conflictiva y una geopolítica líquida de alianzas transaccionales, donde la gobernanza se fragmentará en regímenes competitivos, la lealtad estatal será una garantía del control espacial y la diplomacia. En ese sentido, el panorama podría consagrar inestabilidades regionales y rivalidad permanente, siendo que, la búsqueda del control de esferas vitales no aseguraría el dominio espacial, sino que cierra un ciclo de hegemonía global unipolar e instaura una nueva era de dominaciones de orden fundamental de organización y reacomodo del espacio geopolítico, de nuevas leyes y la redistribución del poder.
Bibliografía
Iván López Miralles, Hard Power y Soft Power: ¿Dos caras de una misma moneda? [https://thepoliticalroom.com/blog/hard-power-y-soft-power-dos-caras-de-una-misma-moneda]
The Officer, Estados Unidos impulsa Pax Silica para reforzar la IA, [https://theofficer.es/estados-unidos-impulsa-pax-silica-reforzar-ia/]
Ana Lía del Valle Guerrero, LA RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN GEOPOLÍTICO MUNDIAL EN LA ERA TRUMP, DESDE UNA PERSPECTIVA SUDAMERICANA, Departamento de Geografía y Turismo (DGyT) Universidad Nacional del Sur (UNS), La Plata 2018.
Luis González Tule, Organización del espacio global en la geopolítica “clásica”: una mirada desde la geopolítica crítica, REVISTA DE RELACIONES INTERNACIONALES, ESTRATEGIA Y SEGURIDAD Bogota 2018.
MARTA RODRÍGUEZ FOUZ, El “nomos” de la tierra en un mundo global. Carl Schmitt a la luz de las nuevas amenazas, JURA GENTIUM XIX, 2022
Farrell, H. y Newman, AL (2019). Interdependencia armada: Cómo las redes económicas globales moldean la coerción estatal. Seguridad Internacional, 44, 42-79. https://doi.org/10.1162/isec_a_00351
Erik Damián Reyes Morales, Diplomacia: del mundo antiguo a la Paz de Westfalia, Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 2022 – 2023.
