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LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES | EXPRESIDENTES TRAS LAS REJAS: el nuevo síndrome del poder en el continente | Opinión

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El continente que alguna vez justificó a sus caudillos bajo el pretexto del “mal necesario” hoy asiste a un fenómeno inédito: presidentes que dejan el poder por la puerta grande y regresan por la puerta pequeña de una cárcel. La región, acostumbrada a golpes militares, exilios y destierros, ahora presencia algo más sofisticado y a la vez más brutal, la judicialización del liderazgo político, convertida en un espejo donde se reflejan tanto las culpas reales como las venganzas de la democracia.

Brasil, Perú, Argentina, Panamá, Colombia, Bolivia y Ecuador conforman una suerte de atlas sudamericano del poder caído. Luis Ignacio Lula da Silva, condenado y luego reivindicado, Jair Bolsonaro, Collor de Melo, Dilma; Alberto Fujimori, símbolo extremo de la mano dura encerrado en su propio laboratorio de autoritarismo, Pedro Castillo, consumido por su propio desgobierno, Martín Vizcarra, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, sin contar con el final dramático de Alan García; Ricardo Martinelli convertido en prófugo desde la cima empresarial; Cristina condenada; Y en Ecuador, donde la política parece escrita por un novelista barroco, Rafael Correa condenado y prófugo, convertido en líder digital desde el extranjero mientras varios de sus excolaboradores enfrentan sentencias por corrupción y ahora Lenin Moreno procesado.

Expresidentes

En este contexto, al que seguro le faltan más dignatarios nacionales y una infinidad de locales, la cárcel se ha convertido en el desenlace político, el hecho de que tantos mandatarios terminen tras las rejas no es casualidad ni señal de madurez institucional absoluta, es más bien, evidencia de tres fuerzas simultáneas:

Sistemas judiciales más autónomos, capaces de procesar al jefe de Estado cuando ya carece de inmunidad política; Sociedades más intolerantes a la impunidad, presionadas por redes sociales que amplifican cada escándalo; La tentación del “lawfare”, donde la justicia se convierte en arma electoral para destruir adversarios sin necesidad de tanques ni golpes.

Así, la prisión deja de ser un espacio físico y se vuelve una arena política en donde unos prueban su limpieza democrática, algunos evidencian persecución y venganza, otros pagan, como corresponde, sus faltas, negligencia y delitos.

La caída de un presidente no es solo la caída de una persona, es la implosión de una narrativa que cuenta que los populismos de izquierda y derecha construyen héroes que prometen refundaciones, cuando esas figuras terminan en procesos judiciales, la épica se derrumba. La cárcel tiene un efecto corrosivo, borra el carisma, exhibe debilidades, desnuda redes de poder y sustituye la retórica por expedientes.

Las sociedades latinoamericanas, que antes veneraban líderes fuertes, ahora descubren que la fortaleza sin controles se convierte en el combustible perfecto para la corrupción y que la justicia, aun lenta y politizada, es hoy un actor electoral más determinante que cualquier mitin.

¿Pero las condenas y carcelazos son regeneración democrática o espiral de revancha?

El desafío para la región no está en encarcelar más expresidentes, sino en impedir que la cárcel se convierta en el nuevo campo de batalla, una democracia madura sanciona sin odio, procesa sin espectáculo y castiga sin convertir el castigo en campaña.

Sin embargo, mientras los partidos sigan debilitados, la polarización siga en aumento y el liderazgo siga basándose en personalismos mesiánicos, el ciclo será permanente, presidentes que ascienden como salvadores, gobiernan como caudillos y caen como cualquier mortal.

Quizá el verdadero síntoma de nuestro tiempo no sea que los expresidentes terminen tras las rejas, sino que los sistemas políticos sigan produciendo líderes que parecen destinados a ese final.

Mauricio Riofrio Cuadrado

Abogado-Periodista & Consultor Político

2 respuestas

  1. Su comentario expresa como si esos mandatarios, fueran independientes y no es asi la gran mayoria son por que se alejan de las intervenciones y dictaduras del imperio norteamericano, los paises retornan a la inquision del capital.
    atte. armando jaimes ramos

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