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Balotaje a la vuelta de la esquina | Opinión

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Bolivia retornara a las urnas este 19 de octubre para continuar las elecciones generales 2025 en la segunda vuelta, a fin de proclamar a la organización política que haya obtenido  la mayoría de los votos válidos emitidos, como antecedente se tiene que hace dos semanas un estudio de preferencia electoral fue publicada por un medio de comunicación, en el cual mostro a Jorge Quiroga de LIBRE una preferencia electoral del 47% a su favor frente al candidato del PDC Rodrigo Paz que obtuvo el 39,3% de apoyo electoral.

Cabe señalar que, a diferencia de los sondeos anteriores de la primera vuelta, el estudio muestra que la población tiene definido su voto mientras que el voto blanco, nulo e indecisos es menor al de ambos aspirantes a la Presidencia, lo que significaría que el partido político que capitalice el factor de la empatía emocional e identitario será el que capture la votación decisiva, con la oportunidad de conseguir la preferencia del segmento los del votos blancos, nulos e indecisos.

Características sustantivas de la segunda vuelta

Se debe considerar que el ciclo del socialismo comunitario que entro en vigencia desde el 2006 ha establecido en la cultura política boliviana una costumbre de reproducir practicas orgánicas sindicales colectivas en combinación con las reglas de la democracia representativa liberal de tal manera que ha configurado un paradigma de democracia corporativa en base a organizaciones sociales.

Es decir que, a través del sistema de representación política la toma de decisiones no fluye de la ciudadanía individual, sino a través de organizaciones sociales colectivas (Schmitter:1992), como mecanismo para el acceso al poder, siendo así, la clave para triunfar en una segunda vuelta no estará en base a promesas brillantes, sino en la capacidad concreta de movilizar y unir bajo una bandera a las organizaciones sociales, convirtiendo su fuerza social en la llave final que abra las puertas del poder

Por otra parte, la coyuntura boliviana se define por una pronunciada tensión entre la sociedad y el Estado, derivada de una demanda ciudadana de certidumbre económica, cabe señalar que, la crisis económica implico un profundo descontento ciudadano, que se tradujo electoralmente en un voto castigo hacia los candidatos vinculados al gobierno y al statu quo en la primera vuelta, siendo que, la ciudadanía boliviana al no tener una adhesión programática genuina.

Un segmento del electorado ejerció el sufragio de manera predominantemente instrumental, motivado más por la obligación cívica que por la lealtad partidaria o la convicción ideológica, un comportamiento que se alinea con la teoría del voto económico, donde el descontento con la situación material se canaliza a través del rechazo a los oficialismos (Patricio Navia, Rodrigo Osorio:2015).

De manera complementaria, la fragmentación programática del bloque popular-izquierdista, históricamente concentrado en el MAS-IPSP, operó como un catalizador decisivo en los comicios. Por un lado, un segmento significativo del electorado leal al liderazgo de Evo Morales, instrumentalizó el voto nulo como un mecanismo de protesta contra la legitimidad percibida del proceso electoral y una estrategia que, a la vez, permitió al expresidente mantener una presencia activa e influir en los resultados.

Por otro lado, el fraccionamiento interno del bloque de izquierda logró diluir el apoyo hacia las candidaturas de Rodríguez y Castillo, figuras surgidas del mismo tronco del MAS – IPSP, demostrando que la desunión al interior de un partido hegemónico puede reconfigurar dramáticamente el panorama competitivo, en línea con las teorías que analizan la volatilidad electoral resultante de la desinstitucionalización partidaria (García, Peres, Ascarrunz, 2023).

Este inédito balotaje boliviano evidencia la cristalización del voto étnico como variable explicativa fundamental de la dimensión étnica, es decir, la estrategia de campaña presencial emerge como un componente crucial en la movilización política, particularmente efectiva en contextos rurales e indígenas donde la política digital tiene alcance limitado. Esta modalidad de política presencial directa permite a los candidatos establecer un vínculo afectivo mediante la interacción directa, generando una empatía emocional que trasciende la mera transmisión programática.

De presentarse físicamente ante comunidades indígenas originarias campesinas, los candidatos no solo vehiculan mensajes de unidad y progreso inclusivo, sino que performatizan su compromiso con un acceso equitativo a las políticas públicas, fortaleciendo los lazos de representación al personalizar la oferta política y generar capital de confianza mediante la presencia.

Los factores que influyen en la balanza del balotaje

Desde la perspectiva de la ciencia política, la clave para triunfar en este balotaje reside en la capacidad de articular estratégicamente la cultura política boliviana, activando sus prácticas orgánicas sindicales mediante los mecanismos de la democracia corporativa, siendo que esta articulación requiere emplear un discurso populista que construya un marco de confrontación entre «el pueblo» y una «élite excluyente», generando sentimientos de lucha y esperanza colectiva.

Paralelamente, resulta crucial capitalizar la fragmentación del bloque izquierdista, reconvirtiendo su descontento en afinidad política mediante una campaña presencial que, al establecer un vínculo afectivo directo, trascienda la mera oferta programática y movilice el voto étnico a través de lo que Bourdieu denominaría el carisma de un capital simbólico emocional, donde la presencia per formativa del candidato opera como un mecanismo de legitimación comunitaria.

Conclusiones

Por una parte, la data cuantitativa ofrecida por las encuestas debe ser interpretada con rigor metodológico, entendiendo que su valor radica en diagnosticar una coyuntura específica y no en predecir un resultado futurista. La volatilidad inherente a una segunda vuelta, donde factores como la intensificación de la campaña, la manifestación del voto oculto o eventos de última hora pueden reconfigurar las preferencias, siendo que, los sondeos son una fotografía estática en un proceso dinámicamente cambiante. Por lo tanto, la ventaja inicial de las encuestas de un candidato es un punto de partida estratégico, no una garantía de triunfo, cuya materialización dependerá de la capacidad de gestionar la incertidumbre y los imprevistos propios de la recta final.

Por otra parte, el desenlace electoral estará determinado por la habilidad de los contendientes para ejecutar una estrategia de movilización dual. El candidato victorioso será aquel que, por un lado, logre sintetizar la herencia de la democracia corporativa con un discurso populista que capitalice el malestar y construya una frontera moral antagónica. Por otro lado, deberá complementar esta estrategia con una campaña de proximidad que, a través de la presencia y la creación de un capital simbólico afectivo, logre recomponer la fragmentación del voto izquierdista y movilice de manera decisiva al electorado étnico, transformando así la lealtad orgánica y la identidad cultural en el voto útil que defina la contienda.

Javier Julio Rocha Ticona

Politólogo & Gestor Público

Un comentario

  1. El pasado oscuro de los candidatos pesara mucho, así como las practicas racistas y fundamentalmente la corrupción…
    Eso demostrara el pueblo que no se hizo engañar con la Derecha, lo que hizo en Ecuador o en la Argentina

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