Elecciones en Israel dejaron este 28 de octubre un escenario mucho más complejo que una simple victoria o derrota. Con más del 85% del total de votos contabilizado, el bloque encabezado por Benjamin Netanyahu proyectaba alrededor de 53 escaños, frente a 48 del bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot. Los partidos árabes alcanzaban 19 representantes, una cifra histórica que puede terminar convirtiéndolos en actores decisivos para la formación del próximo gobierno.
El dato fundamental es que ninguno de los dos grandes bloques alcanza los 61 escaños necesarios para controlar la Knesset. Netanyahu continúa siendo la figura con mayor capacidad individual y el Likud permanece como el partido más votado, pero el resultado parcial también muestra que su actual coalición perdió fuerza. Israel entra así en una fase donde la negociación posterior a las urnas puede ser más importante que el propio resultado electoral.
Netanyahu gana votos, pero no consigue gobernar solo
El primer ministro puede presentar el resultado como una demostración de supervivencia política. Después de años de guerra, cuestionamientos por el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, protestas internas, su juicio por corrupción y una creciente presión internacional, Netanyahu volvió a colocar al Likud como primera fuerza política.
Sin embargo, la elección también mostró los límites de esa resistencia. Sus aliados tradicionales no lograron producir una mayoría parlamentaria suficiente y algunos sectores de la extrema derecha perdieron apoyo. Tener el partido más votado no garantiza automáticamente continuar en el poder dentro de un sistema parlamentario fragmentado.
Los 61 escaños son ahora más importantes que el primer lugar
El sistema israelí obliga a cualquier aspirante a primer ministro a construir una mayoría dentro de una Knesset de 120 miembros. Eso significa que la campaña electoral termina cuando cierran las urnas, pero la verdadera disputa por el gobierno puede comenzar inmediatamente después.
Con 53 escaños proyectados para su bloque, Netanyahu todavía necesitaría sumar al menos ocho legisladores adicionales. Eisenkot enfrenta un problema similar: su bloque queda todavía más lejos de la mayoría y tendría que construir acuerdos con fuerzas que durante la campaña prometieron no gobernar juntas.
Los partidos árabes consiguen un resultado histórico
La gran sorpresa de la elección está en el crecimiento de las formaciones que representan principalmente a ciudadanos palestinos de Israel. Con el avance del conteo, Joint List y Ra’am alcanzaban conjuntamente alrededor de 19 escaños, una representación histórica y considerablemente mayor que en la legislatura anterior.
La participación entre los ciudadanos árabes también aumentó de manera significativa y algunas estimaciones situaron su concurrencia alrededor del 80%. Esa movilización convierte a estos partidos en un bloque imposible de ignorar dentro de la nueva aritmética parlamentaria, aunque su capacidad para convertir escaños en influencia política todavía está por verse.
La paradoja de Eisenkot
En teoría, Eisenkot tiene una vía para desplazar a Netanyahu: combinar los partidos de su bloque con fuerzas árabes hasta alcanzar o superar los 61 escaños. En la práctica, esa operación es políticamente mucho más difícil.
Durante la campaña, varias fuerzas opositoras evitaron comprometerse con una coalición sustentada por partidos árabes, mientras algunas de estas formaciones mantienen posiciones sobre Gaza, ocupación y política exterior difíciles de reconciliar con partidos sionistas del centro y la derecha moderada. El resultado obliga ahora a todos ellos a reconsiderar promesas electorales que parecían sencillas antes de conocerse los números.
Netanyahu intenta cerrar esa posibilidad
El primer ministro reaccionó rápidamente al crecimiento de las fuerzas árabes. Durante su discurso posterior a las elecciones insistió en que Israel necesita un gobierno “nacional y de derecha” y rechazó explícitamente la posibilidad de que el próximo Ejecutivo dependa de partidos árabes.
La estrategia tiene una lógica clara: convertir cualquier eventual alianza entre Eisenkot y esas fuerzas en un costo político. Netanyahu intenta trasladar la discusión desde la aritmética parlamentaria hacia una disputa sobre identidad, seguridad y legitimidad para gobernar.
Eisenkot necesita romper las reglas de la política israelí
Gadi Eisenkot llegó a esta elección presentándose como una alternativa de seguridad y gestión frente a Netanyahu. Exjefe del Estado Mayor, su candidatura buscó atraer a votantes centristas, moderados y sectores de derecha desencantados con el actual primer ministro.
Pero el resultado lo obliga a enfrentar una decisión estratégica mucho más difícil que cualquier mensaje de campaña. Para formar gobierno tendría que conseguir que partidos con profundas diferencias ideológicas acepten cooperar, o convencer a alguna fuerza actualmente asociada con Netanyahu de abandonar su bloque. Ambas posibilidades requieren concesiones importantes.
La extrema derecha pierde capacidad de presión
Otro de los resultados relevantes es el retroceso relativo de algunos aliados más radicales de Netanyahu. Durante los últimos años, figuras como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich consiguieron una influencia considerable sobre el gobierno debido a que sus partidos eran indispensables para sostener la coalición.
El nuevo Parlamento podría modificar ese equilibrio. Aunque las formaciones ultranacionalistas continúan representadas, el bloque de Netanyahu ya no tiene suficiente fuerza para depender únicamente de sus aliados tradicionales. Esa debilidad podría obligarlo a buscar socios más moderados o incluso explorar alguna fórmula de unidad nacional.
El presidente Herzog entra en escena
La Constitución política israelí concede al presidente un papel importante después de las elecciones. Isaac Herzog deberá consultar a los partidos y encargar formalmente la formación de gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de construir una mayoría.
Este miércoles, Herzog ya pidió a los líderes políticos mantener una “mente abierta” y evitar que Israel termine nuevamente convocando elecciones. Su llamado anticipa una ronda de negociaciones donde cada partido intentará demostrar que su candidato tiene mayores probabilidades de alcanzar los 61 votos necesarios.
Israel registra una participación excepcional
La elección también mostró un fuerte aumento del interés ciudadano. La participación alcanzó aproximadamente 77,7%, el nivel más alto registrado desde 1999 y alrededor de siete puntos porcentuales por encima de las elecciones de 2022.
La cifra refleja la percepción de que estos comicios podían redefinir el rumbo del país después de años de guerra, crisis institucional y polarización. También explica parte del crecimiento de sectores que anteriormente tenían niveles de participación más bajos, especialmente entre ciudadanos árabes.
La seguridad dejó de garantizar una mayoría para Netanyahu
Durante buena parte de su trayectoria, Netanyahu consiguió construir su liderazgo alrededor de una promesa central: seguridad. Su experiencia, relación con Estados Unidos y postura frente a Irán fueron presentadas reiteradamente como razones para mantenerlo al frente del gobierno.
Pero los acontecimientos posteriores al 7 de octubre de 2023 transformaron ese argumento. Para una parte de los israelíes, la guerra reforzó la necesidad de mantener un liderazgo experimentado; para otros, el ataque de Hamas representó precisamente el mayor fracaso de seguridad durante los años de Netanyahu. Esa división continúa atravesando la política israelí y se reflejó nuevamente en las urnas.
Gaza continúa dentro de la negociación política
La composición del próximo gobierno tendrá consecuencias directas sobre Gaza. Los partidos de derecha buscan preservar una política de seguridad más dura, mientras las fuerzas árabes y sectores opositores reclaman cambios en la estrategia y mayor atención a una salida política.
Por eso, una eventual negociación entre Eisenkot y partidos árabes no se limitaría a repartir ministerios. Implicaría acuerdos sobre cuestiones fundamentales de seguridad, territorios palestinos y política exterior, precisamente los temas donde existen mayores diferencias ideológicas.
Irán también aparece como argumento de coalición
Netanyahu ha intentado vincular la formación del próximo gobierno con lo que presenta como una amenaza existencial procedente de Irán. En su intervención posterior a la votación volvió a defender la necesidad de un Ejecutivo fuerte capaz de enfrentar a Teherán.
La estrategia busca convertir la incertidumbre parlamentaria en una discusión de seguridad nacional. Si Netanyahu consigue convencer a fuerzas moderadas de que una coalición amplia es necesaria frente al escenario regional, podría abrir una vía hacia un gobierno diferente al que encabezó durante los últimos años.
La campaña terminó, pero comienza otra negociación
En sistemas presidenciales, el ganador suele quedar definido una vez terminada la votación. Israel funciona bajo una lógica distinta. La cantidad de escaños establece el punto de partida, pero el gobierno se construye posteriormente mediante negociaciones entre partidos.
Durante las próximas semanas pueden aparecer acuerdos inesperados, rupturas internas y cambios de posición. Partidos que prometieron no colaborar pueden terminar negociando, mientras otros pueden elevar el precio de su apoyo a cambio de ministerios o compromisos legislativos.
Incluso una nueva elección sigue siendo posible
Si ningún candidato consigue reunir una mayoría estable, Israel podría entrar nuevamente en un periodo de bloqueo político. El país vivió cinco elecciones entre 2019 y 2022 precisamente porque las divisiones entre bloques impedían construir gobiernos duraderos.
El presidente Herzog busca evitar ese escenario, pero los números actuales muestran por qué sigue siendo una posibilidad real. Netanyahu y Eisenkot necesitan aliados que obligarían a alguno de ellos a cruzar líneas políticas establecidas durante la campaña.
Elecciones en Israel: ganar no significa necesariamente gobernar
Las elecciones en Israel dejaron una imagen aparentemente contradictoria. Netanyahu volvió a demostrar que sigue siendo el político individualmente más fuerte del país y su bloque lidera el conteo parcial, pero todavía no posee los votos necesarios para formar gobierno.
El resultado también convirtió a los partidos árabes en una fuerza parlamentaria mucho más difícil de ignorar y obligó a Eisenkot a decidir hasta dónde está dispuesto a ampliar su coalición para terminar con la era Netanyahu.
El próximo primer ministro no se definirá únicamente por quién obtuvo más votos. Se definirá por quién consiga construir 61 voluntades dentro de un Parlamento profundamente fragmentado. Y ahí comienza una segunda elección que ya no se desarrolla frente a los ciudadanos, sino alrededor de una mesa de negociación.